En muchas de ellas, los caminos de ronda desaparecen porque la ocupación llega hasta el límite mismo de los acantilados. Intento imaginar el coste que habrá supuesto llevar agua y electricidad a tantas viviendas y no sé si soy capaz de hacerlo. Es raro cruzarse con gente del país en estos espacios. Franceses, belgas, alemanes, holandeses…ocupan estas urbanizaciones, imagino que como propietarios de los chalets. No sé hasta que punto se habrán enriquecido los caciques y terratenientes locales, pero lo que es un hecho es que buena parte de la costa está en manos extranjeras. Como me decía un hombre, cuando le hice notar la cantidad de alemanes que había en Rosas: “Somos internacionales”. Y es cierto que cuanto más cosmopolitismo mejor, pero me gustaría saber qué parte de esos extranjeros acaba por interesarse, al menos un poco, por el lugar y la gente, en y junto a la que vive y no se limita a tomar el sol, bañarse, comer, dormir, cagar… ¿Está suficientemente pagada, vía impuest...