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Mostrando entradas de octubre 12, 2011

El Destino

El Destino Nunca he creído en la predeterminación de los calvinistas, pero la libertad del hombre tampoco es tal si pienso que uno no puede elegir donde nacer, ni   entre quien hacerlo. El nacimiento marca parte de nuestro destino. Hay quien habla de forjarse o labrarse un destino, otorgando co-protagonismo a la voluntad humana. Hay quien lo busca en las estrellas, como si el   plano de figuras trazadas en el cielo encerrase la verdad de lo que somos o seremos y solo podemos esperar que se vaya cumpliendo inexorablemente. La palabra destino entendida como devenir siempre   ha contenido, para mí, una determinación ajena al hombre, que le supera. Solamente cuando la oía en las estaciones   perdía ese halo de fatalidad que parece envolverla, significando algo que flota sobre nuestras cabezas, siempre a punto de alcanzarnos, de caer sobre nosotros como un peso de alto tonelaje, presto a aplastarnos. Oía aquello de tren expreso procedente de Barcelona con destino a Coruñ...

CARDIOPATÍA

CARDIOPATÍA Corazón nada has de añorar en esta isla lejana. Corazón nada hasta la playa Amigos míos, si me permitís saldremos a la calle a observar como la rueda de la fortuna trata a ese músculo vital que es el corazón. Es ingobernable se dice, cuando nos decidimos a vivir una pasión, la que sea. Pero ¿cuantas pasiones se cruzan en los pasos de cebra, en los andenes, en los grandes mercados y plazas? Son innumerables. Van y vienen. Y a veces chocan o se interfieren entre sí. Y si salimos a la carretera o a los cinturones, se cruzan además a toda leche, salvo en el ir y venir al trabajo   y en los grandes atascos de los puentes.   La lentitud del tráfico y la exasperación por llegar, dispara nuestra adrenalina. Allí se juntan los que salen y entran, los que van y vienen, los que no pueden dejar de salir ni siquiera en domingo y los despistados que cruzan en tránsito. El maremagno habitual e irremediable. Y cuando nos preguntan, respondemos: ¿Yo?   ¿Del corazón? nad...

UN DIA PERFECTO

UN DIA PERFECTO No creo en los días perfectos. En todo caso para acercarse a serlo, de ellos debería estar desterrado el reloj, el mayor incordio inventado por el hombre. No dudo de su utilidad, pero tampoco de su cualidad de instrumento de tortura, asociado a la necesidad de un trabajo medido inexorablemente por los círculos que describen sus agujas. Un día placentero para mí sería, desde luego, un día sin trabajo, en el que levantarse cuando el cuerpo lo pida. Para muchos sería no levantarse en todo el día. Sin embargo, surge la primera disyuntiva si pienso que es un día de verano, en una playa que puedo pasear de madrugada y ver su amanecer sin gente, cuando solo algún barco de pesca sale del puerto o regresa hacia él, antes de que los bañistas abarroten la arena. Tras el agradable paseo, solo o acompañado, volver a casa con pan tierno y croisan. Lo de llevar el periódico, no lo tengo claro, pues las noticias, no siempre son un buen ingrediente para acompañar al desayuno. Como aún ...