Comenzado noviembre el color de las hojas de las hayas ya se ha vuelto marrón y forma almohadones inmensos en los que nos hundimos hasta las rodillas. En la ribera del Cinca, junto a Aínsa, los chopos alcanzan su amarillo más intenso y la tierra humedecida es más oscura que durante el verano. No he podido visitar la pardina del señor como el año pasado, pero las fotos que he visto de los bosques entre Fanlo y Sarvisé mostraban un colorido mucho más intenso y variado que en el otoño pasado. Tampoco he visitado Añisclo, ni Pineta, ni Ordesa, pero han estado en mi recuerdo cuando he paseado otros lugares. Los cielos del otoño son más nítidos y en ellos se pintan los rojos y rosados que iluminan la Peña, Setrales, las Sorores. Intento fotografiarlos una y otra vez, pero es frustrante saber que el ojo de la cámara nunca alcanza lo que los míos contemplan. Renuncio a fotografiar las flores, las mismas que llevo viendo meses. Sigue siendo primavera este otoño templado, así lo di...
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