¿Para qué tanto ruido?
¿Para qué tanto ruido? Hoy es abril y el hielo ha desaparecido. El bosque se ha poblado de pájaros que hablan. Prefiero oír su canto que escuchar panegíricos post-mortem sobre el papa que se ha ido. Toda la parafernalia que acompaña a la agonía, la muerte, exposición y entierro del último papa no provoca ruidos o estridencias en el sentido literal, pero la cobertura mediática, en prensa, radio y televisión no tiene precedentes. Nunca se ha hecho tanto ruido por la muerte de un simple mortal. Da la impresión de que ya no hacen falta concilios para renovar la fidelidad de los católicos hacia la autoridad eclesiástica. Es más eficaz bombardear desde la televisión, con panegíricos y alabanzas a un personaje que, como cualquier humano, fue contradictorio, pero que, como decía Roman Gubern, fue consecuente hasta el final con su vocación de hombre de teatro. En los noticiarios, en los programas matutinos de marujas, en los concursos y hasta en la telebasura aparece la presencia subl...