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Mostrando entradas de agosto 19, 2011

¿Para qué tanto ruido?

¿Para qué tanto ruido? Hoy es abril y el hielo ha desaparecido. El bosque se ha poblado de pájaros que hablan. Prefiero oír su canto que escuchar panegíricos post-mortem sobre el papa que se ha ido. Toda la parafernalia que acompaña a la agonía, la muerte, exposición y entierro del último papa no provoca ruidos o estridencias en el sentido literal, pero la cobertura mediática, en prensa, radio y televisión no tiene precedentes. Nunca se ha hecho tanto ruido por la muerte de un simple mortal. Da la impresión de que ya no hacen falta concilios para renovar la fidelidad de los católicos hacia la autoridad eclesiástica. Es más eficaz bombardear desde la televisión, con panegíricos y alabanzas a un personaje que, como cualquier humano, fue contradictorio, pero que, como decía Roman Gubern, fue consecuente hasta el final con su vocación de hombre de teatro. En los noticiarios, en los programas matutinos de marujas, en los concursos y hasta en la telebasura aparece la presencia subl...

PÉSAME A BAM

PÉSAME A BAM Bam, me recuerdas con tu nombre a otro lugar envejecido y seco, aunque no tan desecho como tú, ciudad arrasada por un cataclismo. Como   si fueran pocas las amenazas. Bani luce al sol las mezquitas de barro y de ladrillo, su alma moribunda aún alberga niños en sus calles, un trópico africano que lucha contra la arena o huye de ella, como sus gentes, que se fueron marchando poco a poco y ahora sus sombras vagan lejos más allá del desierto y de los mares Como la plaga   aquella que vació de gentes las aldeas, hoy marchan por millones a las urbes y se enredan en ellas como las hiedras. Las viven y las mueren sobre el polvo y las noches de estrellas. Hay quienes pronto vuelven heridos, maltratados por el crepitar de la ciudad, donde aprenden de manera distinta a respirar. Hay quien se adentra en la arena por alcanzar el mar. La costa y el navegar albergan el mismo destino, Europa la pudiente, la que blinda sus puertas y envejece. Bam, hoy resuena tu nombre,...

MUJER

MUJER Cada vez que adivino tu sombra, mujer, entre las ruinas, sé que no durarían si de ti dependiera. Sin embargo dudo cada vez que miro en las fotografías el rostro de Condoleza Rice. Veo en él la misma impasible dureza que adivino en Donald Rumsfeld, la misma indiferencia que se esconde en la insulsa mirada de Georges Bush por los que han de morir para que se cumpla la estrategia. Hablo de las mujeres cansadas de ver morir sus hijos, de esconder bajo el burka o el pañuelo las inútiles lágrimas vertidas de sus ojos, de mujeres que quieren libertad para ser ellas mismas, sin la cruel tutela de normas y de leyes, que dispongan a la postre de su vida.