
14 de julio de 2012 Hoy hace un año que comencé la andadura de la Costa Brava. Aquel día había comprado un pequeño libro en la estación de Sants sobre los caminos del exilio y los senderos que partían de Port Bou hacia Francia. Su lectura me hacía evocar aquel éxodo, mientras `pensaba en el triste destino de Walter Benjamin, que se suicidó al tener la fatal certeza de que sería entregado a la Gestapo por las autoridades españolas. La visita a su tumba es algo que dejé pendiente para otro viaje. Esta parte de la costa que me toca recorrer ahora no tiene ya nada que ver con la abrupta orografía del norte de Gerona. La misma Blanes ya no me resulta tan bella en gran parte de su extensión comparada con los lugares que ya he dejado atrás. El entorno de la estación y la zona industrial es inhóspito, sucio y, al recorrerlo, me hace sentir las ganas de salir cuanto antes de allí. Me produce la misma sensación que cualquier extrarradio de ciudad grande e industrial. A partir de Blanes comie...