21 de junio de 2014 Teruel Jugarse todo a una carta, vomitando lo que se lleva meses rumiando. Se cruza un texto ambiguo, atemporal, sobre la guerra justa, como si alguna lo fuese. Bartolomé, el defensor de los indios, al que sus detractores acusan de haber sido el instigador de la trata de esclavos africanos con su denodada defensa del indio. Parece no haber pasado el tiempo desde que el dominico fustigaba a sus paisanos hasta el Irak de hoy, o Siria, Libia, Afganistán… Guerra injusta, inicua, tiránica, cruel, sin medida y por lo tanto aborrecible y digna de ser execrada. Nada ha cambiado desde la hecatombe que supuso la presencia española en el Caribe, Méjico o Perú a los resultados de la que impone hoy Estados Unidos en África y en Asia, o en su patio trasero sureño, al que no deja del ronzal y donde interviene, de forma contundente cada vez que se le da. De poco sirvió la aspereza de las palabras. Tal vez en la elaboración de algunas leyes, pero no en su aplicación. Es...