
Me recuerda a un paisaje chino con el añadido de unas aguas clarísimas color turquesa. Retazos salvajes de una costa que sin embargo tiene lugares tan domesticados.
El olmo de la imagen, La Olma, era un ejemplar de dicho árbol que, como tantos otros, murió por la enfermedad de la grafiosis. Los que la conocimos y disfrutamos, los que estuvimos albergados bajo su sombra, llegamos a amarlo como a un personaje más de un lugar diminuto, llamado Riocavado de la Sierra.