
Dejando atrás el Faro del Fangar y pasado Riumar, me dirijo hacia Deltebre por donde el Ebro pasa ancho y majestuoso, antes de dar al mar. Cuando llego a Deltebre, me dirijo al albergue, pero está lleno y tengo que buscar un hostal. Antes de ello me encuentro con Elena y José Mari, unos amigos de Zaragoza a los que hace mucho que no veo. Tienen prisa porque solo tienen ese día para visitar el Delta, así que enseguida nos despedimos. Por la tarde doy un largo paseo por ambas orillas del río Ebro y me entretengo escribiendo algo: Estoy en el Delta, al final de un camino que transcurre junto al Ebro. El aire es más que brisa, pero menos que viento. Resulta tan agradable que lo incluyo entre esos aires deliciosos que merece la pena disfrutar en calma y pararse en ellos a escribir. Bajo las copas de los álamos domesticados hay casitas de pájaros que se cimbrean. En el agua del río hay guiños alegres que bailan con su luz, intensa pero a la vez fugaz....